viernes, 26 de agosto de 2016

LINA NATALIA MARTÍNEZ RAMÍREZ GRADO 901

ALEGRIA EN UN SEGUNDO

Era una tarde lluviosa de enero. Una joven pintora de 23 años llamada María, estaba en su estudio frente a una hoja de papel esperando a que un poco de inspiración llegara a ella, pero no ocurría nada. Estaba vacía, tenía una depresión tan fuerte que no la animaba ni a tomar el lápiz, tenía un caos en su mente que no dejaba que llegara ninguna señal de imaginación a ella.

Mientras observaba el papel recordaba porque ya no pintaba igual que antes, porque su trabajo ya no la llenaba y porque la inspiración no llegaba.
Hace tres años María había sido una gran pintora que deslumbraba a la gente con sus bellas obras de arte, pero todo esto cambio cuando su padre falleció; desde allí María no volvió a ser la misma, todo se empezó a tornar oscuro y aburrido en su vida, creía que ya ni siquiera tenía en quien inspirarse para pintar, que la vida ya no tenía sentido.
Entre sollozos y lágrimas por recordar a su difunto padre, María fue a dar un paseo y luego de una larga caminata se sentó en una banca que había en un parque cerca de donde estaba.
Estando allí, observando el cielo, las personas que pasaban, los niños jugando y el deterioro de aquel lugar, de un momento a otro se le vino a la cabeza una imagen que la puso bastante a pensar; se imaginó a ella, misma en unos 50 años en una cama triste y solitaria, decepcionada de sí misma. Mientras aún tenía esa imagen en la cabeza dijo “¿Pero qué es lo que estoy haciendo con mi vida? ¿Si no me gusta mi trabajo porque lo sigo haciendo? No quiero verme en unos años tirada en una cama, lamentándome por no haber sido feliz en mi juventud, no quiero ser una anciana quejambrosa y mal humorada; todo lo contrario, quiero una vejez feliz, en la que me vea en una foto antigua y este satisfecha por no haber desperdiciado mis potenciales…” . Luego de esto María no volvió a decir ni una palabra, estuvo allí mismo unas horas más y luego se fue de vuelta a su apartamento.

Al día siguiente María quería cambiar de rutina, hacer algo diferente. Pensó y pensó hasta que se le ocurrió escribir un diario donde pudiera expresar lo sola y vacía que se sentía.
Pasaron los meses y a María le gustaba cada día más la escritura, tanto así que ya no solo escribía en su diario, sino que estaba escribiendo su biografía y una pequeña novela. María estaba satisfecha, se sentía completa al escribir, sentía que se desahogaba y ahora su mayor sueño era llegar a ser una de las mejores escritoras de Colombia.
Seis años después, María era una escritora profesional, organizada e independiente; ya no sentía ese vacío, obviamente aun le dolía la muerte de su padre, pero se alegraba porque ella sabía que el al verla así estaría muy orgulloso.
Ese dolor ya no existía, la depresión de había ido y por fin María era feliz.

 FIN.


 Lina Natalia Martínez Ramírez - 901

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